Como personas que queremos ayudar a alguien que está
pasando por este momento de su vida, contamos con ese querer estar ahí y ayudar al otro, y con eso mostrarle
otros caminos para ser feliz y formas de aliviar su sufrimiento. Esto es
estupendo, pero tiene otra cara, que es lo que nos cuesta y es el
renunciar a la omnipotencia. Es
decir, mostrarle nuestra forma de superar las cosas, nuestro camino y no
entender algunas cosas que una persona que está en duelo hace. Nos cuesta
entender que el otro hace lo que buenamente puede con lo que tiene, por mucho
que lo ayudemos , no puede hacer más que lo que puede hacer. Esto es lo primero que
tenemos que aceptar desde un principio. Uno, dice haz esto y haz lo otro como formas de ayudar su sufrimiento, o a su vez como formas de aliviar la angustia que nos produce ver a un ser querido mal y por calmar nuestra angustia nos olvidamos que el otro tiene la autonomía de hacer con su sufrir lo que puede, y esto supone
respetar, no somos dueños de nadie, por mucho que en ocasiones no nos guste.
Entonces, no ser omnipotentes significa aceptar que el otro cometerá errores
una y otra vez, aunque nosotros le hayamos comunicado otras alternativas que
consideramos mejor, es también aceptar que el otro es dueño de su vida y que
nosotros no podemos hacer nada, solo proponerle cambios.
Partiendo de esto como premisa, ¿qué podemos hacer?
1º Inmensa
paciencia. El duelo de una ruptura de pareja es como el de una muerte de un
ser querido, pero la actitud que tenemos ante esto no es la misma, entendemos
mejor la muerte de un ser querido y tenemos paciencia, cosa que no hacemos ante
una ruptura. Por lo tanto, tener paciencia y colocarnos enfrente del
sufrimiento del otro, desde el respeto, acompañar
y estar ahí en forma de red, ya que una ruptura puede ser como una caída
hacia el vacio y nosotros podemos ser esa red. A veces pueden agotar, pero parte de la elaboración del duelo es
contarlo una y otra vez, poner palabras es la mejor forma de contener esa
angustia que desborda la perdida, y justamente lo que hace más doloroso es el
encuentro con la realidad de esos recuerdos, esas expectativas… la realidad una
y otra vez nos dice que ese persona ya no está más y cada encuentro con esta realidad
duele, pero todo eso poco a poco irá perdiendo ese tono de dolor, y una de las
formas de hacerlo es contarlo una y otra vez, por lo tanto, ¡paciencia!.
2º Tiempo. Unido
con lo anterior, la persona que sufre necesita su tiempo. Es comprensible que
nos angustie ver sufrir al otro, y queremos que este bien pronto y darle
cualquier palabra para acabar con el sufrimiento del otro, darle cualquier
remedio para que este bien, pero siempre será nuestro remedio y nos olvidamos que esa
persona tiene en su interior su propio remedio, y como he dicho antes no somos
omnipotentes , tenemos que tolerar la angustia que nos produce ver sufrir a
alguien que queremos y saber que la persona tiene que tener su tiempo para
estar bien y no tenemos que tener prisa. Con tiempo, uno aprende lo mucho que puede aguantar, que uno realmente es fuerte...que uno vale.
3º Escuchar. Es
importantísimo, saber escuchar, lo que mejor le podemos dar son nuestras orejas.
Muchas veces nos dedicamos a contar una y otra vez a diferentes personas lo que
nos pasa y al final no nos sentimos escuchados ¿por qué será esto? No es sólo
escuchar, el otro tiene que sentirse escuchado. Fijándonos en las palabras que
dice, sin juzgar, simplemente escuchar e intentar sentir lo que siente y como
nos lo transmite, es decir, comprender.
Esta es la parte más importante pero a la vez la más complicada. Es una oreja
que comprende y está ahí aguantando la angustia que nos puede producir ver
sufrir. Es mejor dar una oreja, que dar un
abrazo.
4º Hablar
y escuchar, incluso prestarle palabras, ya que hay cosas que uno puede ver
escuchando que el otro no puede decir, puede estar desbordado por los afectos, nosotros podemos prestarle palabras pero para que siga hablando, incluso es mejor hacer una pregunta que dar
explicaciones. Muchas veces se dice
“una imagen vale más que mil palabras” y es mentira, el peso de las palabras es
enorme , supone apalabrar la angustia que sentimos.
5º " De tu carga, hazte cargo". La vida es algo que nos
compete, y uno tiene que ser capaz de tomar las riendas y aceptar que no
podemos hacer nada para cambiar al otro, pero si podemos hacer cambiar lo que
nos afecta del otro. Una ruptura es un vacío, y como he dicho antes nosotros
podemos ser esa red, esa realidad, para que vea esas cosas que tiene, esa
capacidad que tiene, que no se acaba el mundo sin la presencia de esa persona;podemos ayudar a que vea que tiene otras ramificaciones en su
vida, iluminar otras áreas de la vida.
Muchas veces dicen ¿qué he hecho yo para
merecer esto? Pues sí, el otro será un capull@ pero no va cambiar, aceptar que
esto es imposible, pero tú sí que puedes poco a poco conseguir que no te afecte
lo que hace. Ayudarle a que sepa distinguir lo que es posible de lo que es
imposible, este es un paso importante, ya que proponerse lograr lo posible
renunciando a lo imposible, significa avanzar, aunque sea cojeando, pero
avanzar hacia lo posible: “La vida se
empobrece al pretender que las cosas sean redondas”. Transmitirle que su
vida no está en manos de nadie, que nadie es dueño de su vida. Poder hablar, y
que vea como puede recuperar las riendas de su vida, uno es dueño de decidir si
va seguir esperando y sufriendo por esa persona que ya no está, y esa persona
decidió no estar allá él/ella pero uno no tiene que esperar, hay otr@s que le estan esperando a él/ella.
No hay comentarios:
Publicar un comentario